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El Corcovado - Un sueño más…

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Todo comenzó cuando mi amiga Danisa junto con mi hermana Samara volvieron enloquecidas de sus vacaciones en el verano 2012. Me contaron sus aventuras y me contagiaron las ganas de ir. Fue entonces cuando la intriga se instaló en mí y creció durante casi un año.

En noviembre de 2012 ya me encontraba con Rocío, mi futura compañera de cordada, comprando los pasajes para la próxima Semana Santa.

El destino del viaje fue la gran ciudad de Río de Janeiro, lo cual ya nos generaba una emoción extra. El objetivo escalador era subir El Corcovado, el techo de la cuidad con 710 m.s.n.m. El gran morro donde el Cristo yace enorme, mirándolo todo desde arriba. La vía era la K2. Siguiendo los consejos de las chicas y con una pareja de brasileros muy copados, el primer día de escalada en Río fue en el Pan de Azúcar. Hicimos Coringa para ir acostumbrándonos a la roca carioca. Una vía tranquila de pura adherencia. La terminamos sin ninguna dificultad y más tarde en la cumbre disfrutamos de una cerveza bien helada. Súper recomendable. Ojo! Hay que estar atentos a los cambios del tiempo, porque terminamos bajando patinando por el sendero con lluvia, barro y las famosas havaianas en los pies.

Al día siguiente subimos la apuesta y nos preparamos para comenzar a cumplir el objetivo más importante del viaje. Escalar el Corcovado por la vía K2 (5+, 5 largos, 200m). Una vía muy disfrutable, con alejes temerarios pero con una vista impecable de la ciudad, un clásico. Armamos una gran mochila pensando en que no nos falte nada, como nos había ocurrido el día anterior. Guardamos agua, comida, parka, botas de trecking (que finalmente resultaron innecesarias) y la cámara de fotos.

Finalmente el gran día había llegado. Nos encontramos en el estacionamiento de Paineiras con nuestros amigos brasileros al mediodía, caminamos aproximadamente 1 km por la Calle del Corcovado hasta la primera curva bien pronunciada a la derecha. Allí observamos una gran pared de frente, saltamos la baranda y caminamos por un sendero hacia la izquierda que bordea la pared. Rodeando la arista del morro llegamos al pie de vía. (30 min aprox. desde Paineiras).

El primer largo era un diedro-fisura tumbado que mi compañera de cordada, Rocío, no dudó en ofrecerse a primerear.  Desplegó su técnica y superó unos lindos alejes como una campeona. Yo fui detrás, con nuestra mochila que se sentía de 20.000 kg. Y por ello ya pensando en rapelar desde el primer relevo.  Ni bien llegué a la reunión intenté persuadirla para que comiese algo de lo que llevábamos para alivianar el peso, pero no tenía apetito. En ese momento acordamos que ella llevaría la mochila ya que habría cubierto su cuota de primerear por ese día.

Continuamos con el segundo largo que consistió en una travesía de adherencia en una placa con dos chapas. Muy psicológica y delicada. Bajo la misma unos cactus amenazaban durante todo el trayecto. Al llegar al siguiente relevo pudimos tomar las fotos más expuestas de la vía y en mi opinión las más hermosas de la ciudad, con al Pan de Azúcar de fondo.

 

El tercer largo comenzó con unos pasitos delicados y un poco mojaditos. Luego de chapar el primer grampo y al grito de “ya no hay muerte” de mi aseguradora apareció el crux de la vía, una chorrera mojada, que me dio bastante miedito pero le confié a las zapas y salió. Es recomendable no hacer esta vía si llovió o hay neblina ya que la abundante vegetación humedece la misma. El relevo se encontraba en una repisa muy cómoda.

El cuarto largo comenzó con un diedrito sin equipar. Es aconsejable llevar algunos empotradores pequeños, hasta el camalot n°1 o un juego de stoppers. De allí seguí por la izquierda, luego de varios ir y volver encontré el camino montándome sobre una laja, donde pude poner un stopper para acortar el aleje, y seguí subiendo hasta una gran repisa con un arbolito que sirvió para hacer la reunión.

El último largo era una placa de adherencia debajo de los pilares de hormigón que sostienen la plataforma del Cristo. Al final de la placa hice un relevo en un arbustito. Luego subimos algunos metros por un sendero evidente hasta la baranda de cemento. Allí la gente nos miraba salir de los matorrales con cara de interrogación, como preguntándose: “y estos de donde salieron?”. Incluso nos sacaron fotos y aplaudieron. Luego trepamos la baranda. Fue impactante ver el Cristo enorme y completamente iluminado recibirnos con los brazos abiertos. Fue entonces cuando festejamos haber cumplido un sueño más!! Con abrazos, risas y algunas lágrimas. 

Quiero agradecerle especialmente a Rocío que me acompañó en todo momento y con la mejor vibra. A Dani y Sam por la data y la onda motivadora!!!  

A animarse que vale la pena!!!

Ivana 


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