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"Fue en esta zona, sobre la
cascada, donde hice mis primeras armas en alpinismo. Se me
había metido entre ceja y ceja bajar el Chorrillo por la cascada,
pero tuve que desistir e iniciar el descenso por una cortada
a pique, la más difícil que encontré, para sacarme el gusto.
Cuando iba a mitad del recorrido, me falló una piedra y rodé
unos 10 metros en medio de una avalancha de piedras y cascotes
que caían conmigo. Cuando logré estabilizarme (...) tuve que
iniciar el ascenso, porque me era imposible bajar más. Allí
aprendí la ley primera del alpinismo. Es más fácil subir que
bajar."
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