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En los años ´50 los
socios del Centro Andino Buenos Aires íbamos los domingos a Escobar,
a escalar en las altas paredes de ladrillo de una antigua destilería
de alcohol que cerró sus puertas en 1890, de la cual sólo quedaban
las paredes, los huecos de las ventanas, y muy cerca la gran chimenea
que permitía variantes técnicas y largos rappel.
Eso nos valió el sobrenombre
de ¨ladrilleros¨, que nos dieron los franceses que habían escalado
la pared sur del Aconcagua: Berardini, Dagori y otros, que compartieron
con nosotros un fin de semana en ese lugar, sorprendidos de la destreza
de nuestros escaladores entrenándose en la vertical absoluta.
Se alternaba Escobar
con Sierra de la Ventana,
las rocas más cercanas de Buenos Aires, con paredes espléndidas
para entrenamiento, pero después de varios cambios de propietarios
de la estancia, al final negaron la entrada a la misma.
También se escalaba
en las paredes de Gral Paz y Av. Del Tejar, lugar no muy apto y
peligroso por la proximidad de la calle; Buenos Aires necesitaba
una auténtica palestra:
En esa época, en mi
carácter de Secretario de Andinismo de la
Federación Argentina de Ski y Andinismo, F.A.S.A.,
conversaba frecuentemente con el Secretario de Deportes de la Nación, el profesor Dallo, persona
muy accesible e interesada en los deportes en general.
En varias oportunidades
le planteé el problema que tenían los andinistas de la
Capital para entrenarse, dado la gran distancia
que la separa de las montañas, y de la necesidad de contar con una
palestra artificial bien organizada. El proyecto parecía utópico,
pero dio la casualidad que el Secretario de Deportes tuvo que viajar
a Alemania por razones oficiales, y que en la ciudad donde estuvo
le mostraron como novedad una palestra para entrenamiento de alpinistas.
Se trate de una modesta construcción de cemento armado.
El Secretario recordó
mis pedidos, y a su regreso hablamos del tema, y me pidió que presentara
un proyecto formal.
Así nació la palestra.
Pedí colaboración al
C.A.B.A., y el arquitecto y andinista ALFREDO MAZZINI y el escalador
HECTOR CUIÑAS se ocuparon del proyecto, cuando lo estudiamos me
pareció modesto, pensando que cuando estuviera construida
despertaría entusiasmo y faltaría lugar. Simplemente duplicamos
el ancho proyectado.
Se hizo una maquette
que presentó en la
Secretaría de Deportes, y causó sensación, sería
la mayor palestra artificial para entrenamiento de alpinismo; pero
había que hacerla…
Empezaron las largas
antesalas para lograr la aceptación de las autoridades. Después
de mucho trajinar, y con el fuerte apoyo del profesor DALLO - Secretario
de Deportes - , se logró la aprobación del proyecto y empezaron
nuevos trámites para quién se ocuparía de la continuación. La
Secretaría pretendía que el C.A.B.A. se
ocupara de la misma, pero como se trataba de una Obra Pública,
el tema era muy complicado, y el C.A.B.A. se excusó de hacerlo por
su condición de Asociación sin fines de lucro, pero ofreció asesoramiento
técnico-deportivo.
Encontrada la solución,
se dio comienzo a la construcción, y el arquitecto MAZZINI se ocupó
personalmente y ad´honorem del cumplimiento de los planos, y de
la colocación de las lajas de piedra traída expresamente de San
Luis.
En el año 1982 se dio
por terminada la obra, que desde entonces utilizan cientos de andinistas.
La palestra nunca fue
inaugurada oficialmente.
Julio Corradi
Socio Vitalicio
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