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EL ACONCAGUA SE HA VUELTO MAS PELIGROSO:
Este hecho ocurrió en los últimos días
de este año, en el Campamento Base Plaza Argentina, en el
Parque Provincial Mendoza. Habiendo descendido hacía unos
minutos del Campamento 2, a 6000 metros de altura, junto a mi hermano
Herbert, él me manifiesta que tiene que ir al baño.
Como estipula el reglamento de Parques Nacionales, hay que hacer
uso de los baños allí instalados, sino, hay que pagar
u$s 100 de multa. El único baño que había en
el campamento de Plaza Argentina estaba a 10 metros de la casilla
de Guardaparques. Era un cuadrado de un metro cuadrado, de chapa
y estaba con la puerta cerrada y sin el picaporte. Cuando mi hermano
solicita el picaporte a los guardaparques, se lo dan de mala gana.
Apenas cierra la puerta del baño mi hermano, uno de los guardaparques
arroja una piedra con fuerza contra la puerta de chapa del baño.
Al ver esto, me dirijo hacia la casilla de guardaparques a pedir
explicaciones. Lo mismo hizo mi hermano. Lejos de obtener alguna
explicación, recibo un fuerte golpe en la cara, sobre los
lentes, que me produce una herida y me deja mareado. A continuación,
los cuatro guardaparques empezaron a pegarnos. Rápidamente,
se acercaron varios montañistas, quienes habían estado
observando la situación, tratando de poner paños fríos
al asunto. A la >mayoría de ellos, también les
habían tirado piderazos cuando ingresaban al baño,
pero por temor a los guardaparques no habían hecho ningún
comentario. Lejos de pedirnos disculpas, los guardaparques querían
obligarnos a que entráramos a su casillo, bajo la amenaza
de llamar a la policía de Mendoza y detenernos. Nuestro miedo
era mayor, y nos fuimos alejando de la casilla hacia nuestras carpas.
Aún no podemos entender, lo que sucedió en ese momento.
Nunca, en los años de montañismo, viví o sentí
nada parecido. Sentimos mucho miedo. Quienes somos montañistas
vamos a estos lugares como los fieles a la Iglesia. En estos lugares
nos sentimos todos como hermanos que encontramos. Nunca tenemos
sentimientos de agresividad hacia otros. Se puede decir, que encontramos
paz y tranquilidad en las montañas. Debe ser por eso, que
sigo sin entender a estos cuatro guadaparques. A la mañana
siguientes estábamos contentos de alejarnos de ese peligroso
> lugar y vimos como descendía un helicóptero,
con el jefe de Guardaparques, el Sr. Perellón. Él
se llevó a tres guardarques consigo, mientras nosotros, golpeados
con yo con el ojo totalmente rojo por el derrame, tuvimos que bajar
en dos días los 60 Km que nos separaban de la ruta. Al llegar
a la ruta me sentí afortunado. lo mismo pensó el médico
forense de Uspallata, meintars me revisaba el ojo y lo confirmaron
nuevamete en la Clínica Oftalmológica, diciéndome:
"tuviste mucha suerte, pudiste haber tenido desprendimiento de retina".
Saludos,
Harald Ditsch
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